
Sgt. Schulz: How do
you expect to win the war with an army of clowns?
Lt. James Skylar Dunbar: We sort of
hope you'd laugh yourselves to death.
Traidor en el infierno (Stalag 17) - Billy Wilder
Era la época de los dos rombos antes de las películas y las series de la tele. Tampoco es que mis padres lo tuvieran mucho en cuenta a la hora de dejarnos o no verla. Contaba la hora, el director, el tema y poco más; podíamos ver casi todo.
El caso es que yo quería, ansiaba, ser como el resto de las niñas de mi edad. A ellas les gustaban los Pecos, y sus padres no les dejaban ver "Yo, Claudio", porque la serpiente del principio se acercaba peligrosamente a los dos rombos en la esquina superior derecha de la pantalla. Así que si mis padres no me iban a prohibir ver algo, me lo prohibiría yo misma. Yo sería mi censura. Empezaría esa misma noche.
Cuando empezó la película, y vi que era para mayores, me levanté muy seria, informé a todo el mundo de mis intenciones de ir a dormir, y me fui a la habitación. Pero desde allí se oía perfectamente el sonido... "Traidor en el infierno", de Billy Wilder. Una historia de espías y estraperlo en un campo de prisioneros, blanco y negro, II Guerra Mundial... no pude aguantar. Me levanté de la cama, me envolví en una manta, y me acurruqué junto a la puerta del salón a oír la película. Hasta tres veces tuve que salir corriendo porque alguien se levantaba. Estaba aterrorizada pensando en lo que me podría pasar. Y mientras tanto, yo iba oyendo la historia de Sefton, el traficante en el mercado negro del campo que no presumía de patriotismo, pero que al final desenmascaraba al verdadero traidor... Cuando acabó la película, corrí a mi cama y fingí dormir con todas mis fuerzas.
Al día siguiente, enfrentada a las miradas de reojo de mis padres, decidí que había sido demasiado esfuerzo para haber logrado tan poca cosa. Me llevé al colegio un disco de los Beatles (mi único disco) para sustituir al muy rallado de los Pecos. Era más divertido ejercer la censura sobre los demás.
Hace cuatro o cinco años, comprando el vídeo de la película que nunca había visto, mi madre me contó que todo el tiempo supieron que yo estaba sentada junto a la puerta, y que cada vez que se levantaban era para convencerme de que entrara y me sentara junto a ellos. Y yo que siempre había pensado que nadie se había enterado de mi experimento...

1 comentario:
¡Ay!, el dios cinematográfico Wilder. Qué momentos ha sabido regalarme a lo largo de mi vida.
Qué listos son los padres. Cómo nos conocen. Cómo nos han intuido desde siempre.
Besos orgiásticos.
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