He contado las velas que había en la calle y en la escalera. 42, y ninguna se ha apagado todavía pese al viento. ¿Será una señal? Señal de que es hora de agarrarse a una botella de cerveza, desde luego. Más velas en la casa, junto a la ventana del salón, en las repisas del baño. Me pregunto si la idea es causar un incendio o calentar el ambiente.
No me preguntéis cual es la temperatura en la calle. Cuando vi que bajaba más de 10 bajo cero, dejé de considerarla importante. Ahora lo que interesa es felicitar a los dueños de la casa, y encontrar un lugar desde el que ver todo lo que ocurre sin ser el centro de atención. Mis niñas se han ido a bailar, y yo descubro que la lavadora es un lugar estupendo para sentarse: frente a la puerta de la cocina, y justo al lado está la ventana donde reposan 3 botellas de vodka y 8 cajas de zumo de naranja.
Todo el mundo pasa por la cocina para rellenar sus vasos. No todos se dan cuenta de que hay alguien que escucha sus citas, sus susurros, sus caricias a escondidas del amor de su vida. Hasta que unos ojos grises preguntan si pueden abrir la ventana y coger una botella. Sonrío, y le acerco también una caja de zumo. Hablamos del tiempo, de la manifestación de la semana que viene, del último escándalo de Jelinek. Yo intento disimular mi pertenencia a las muy aburridas profesiones técnicas, y no puedo dejar de mirar esos labios, esos ojos...
De pronto, mi mente reacciona, y se sitúa por encima de la habitación, cerca de la lámpara, y respiro cuando veo como V. entra en la cocina, y se acerca a la pareja, y sonríe con sus ojos azules y las ondas en su pelo, y en sólo 3 minutos consigue cortar el aliento con su brillo. Y se alejan hacia el lugar donde suena esa canción de Ambros sobre el cementerio central. Y ya no importa nada y estás segura, porque puedes volver a contemplar el eterno baile, sin ser parte de él. Al fin y al cabo, eso era lo que querías, distanciarte y ver las cosas sin que la cera de las velas te llagara la piel.
Pero 10 años después, esperando en un café de Heathrow durante un retraso, hay una voz que pregunta si alguna vez llegaste a ir a esquiar a Zell am See, y sabes, sin mirar, que tienes que ser graciosa, y levantarte, y besar al niño e intercambiar inanidades, y volver a ver esos ojos, y no pensar en lo que nunca, nunca será.
Y desde luego, a continuación, ordenar unas pintas para tus compañeros y para ti, porque es hora de tomarse otra cerveza mientras esperas que tu avión te lleve de vuelta a casa.
miércoles, noviembre 15, 2006
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1 comentario:
Como novata en esto de crear posts para blog, me admira tu capacidad para crear enlaces en tus textos para llevar a tu lector a otros mundos de la literatura, del espectáculo y del ocio, en general.
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