jueves, enero 11, 2007

Flores de ultratumba

If I should die, think only this of me:
That there's some corner of a foreign field
That is for ever England.

El abuelo Herbert murió un día claro de finales de septiembre. Un dulzor de moscatel se sentía en el aire, y la extraña claridad del cielo nos ayudó a consolar nuestra pena.

Todavía quedaban rosas tardías del verano, y corté algunas para preparar un ramo en su honor. Tuve que olvidarme de las oscuras rosas carmesíes, nunca supe por qué no le gustaban. Me pinché con una espina, y vi comó se teñían las dulces rosas amarillas, y las tuve que retirar del ramo. De algún modo seguía sintiendo a mi abuelo a mi lado, mirando comó elegía las flores y asintiendo cuando logré la hermosura que quería.

El abuelo era paisajista, y amaba las plantas que crecían libres y salvajes. Llegó a España allá por los años 20, y se refugió en un jardín para intentar curar los sonidos roncos que salían de su pecho. Siempre le conocí con un pañuelo oscuro en la mano, con el que cubría su boca cuando el ruido acuático se hacía demasiado fuerte. Se inclinaba hacia un lado, y se doblaba mientras se libraba de aquella pesadilla que le acompañó toda su vida, desde el año 1916. Luego se sentaba y me sonreía con esos ojos tímidos que habían visto más dolor del que yo hubiera podido soportar.

Tardamos unas semanas en leer su testamento. Me había dejado su colección de libros, y la caja de sándalo que siempre guardaba en su mesilla de noche. Un 11 de noviembre me senté y la abrí. Dentro estaban sus diarios de la Gran Guerra, y un librito de poetas ingleses de entonces. Lo abrí y comencé por el poema de Rupert Brooke, “The soldier”, que habíamos mandado grabar en su lápida.

THE SOLDIER – Rupert Brooke

Si debo morir, piensa sólo esto de mí:
que existe algún rincón de una tierra extranjera
que será por siempre Inglaterra. Habrá oculto
en esa rica tierra un polvo aún más rico,
un polvo al que Inglaterra dió vida, forma, despertó,
dió, en una ocasión, sus flores para amar, sus caminos para vagar,
un cuerpo inglés, que respiró aire inglés
y que fue bañado por sus aguas y bendecido por el sol del hogar.

Y piensa que este corazón, una vez abandonada toda la maldad,
nada menos que un latido en la eternidad,
devuelve en algún lugar los pensamientos que le dió Inglaterra;
sus paisajes y sonidos; sus sueños tan felices como su día;
y la risa aprendida de los amigos; y la dulzura
de los corazones en paz, bajo un cielo inglés.

Un poco más adelante estaba enganchada su amapola de tela, manoseada y vieja, que siempre había llevado prendida en la solapa en ese día. Su color rojo oscuro me llevaba a un poema subrayado y marcado por sus lágrimas, “Dulce et decorum est”, de Wilfred Owen.

Si pudieras oír, a cada tumbo, a la sangre
Vomitada por pulmones de espuma corrompidos,
Obscenos como el cáncer, amargos como pus
De viles llagas incurables en lenguas inocentes—
Amigo mío, no contarías con tanto entusiasmo
A los niños que arden ansiosos de gloria
Esa vieja mentira: Dulce et decorum est
Pro patria mori.

Nunca le habíamos preguntado que pasó entonces para hacerle escapar de su país que amaba tanto, pero siguiendo con mi dedo las líneas del poema, entendí un poco del horror que le había perseguido desde aquel lejano 1916, y de por qué prefería las blancas margaritas y las pálidas lilas frente a las hermosas rosas encarnadas. Aquella amapola de color coagulado en mi mano era la única flor roja que aceptaba, durante unos pocos días en medio de las nieblas de noviembre, tan parecidas a las que agobiaban los campos de Flandes. La tomé con delicadeza, y volví a prendérmela como hubiera hecho él, mientras retornaba a leer aquel poema sobre la antigua mentira.

3 comentarios:

Leciñana Vallejo dijo...

¡que fortuna, tener un abuelo que te deja como legado la poesía! Cobha, me maravilla tu capacidad de trabajo y de aprender. Has dado, en tres meses, a mi modesto entender, pasos de gigante en esto del aprendizaje de la escritura literaria.

JAVIER RETA dijo...

¿Que buen blog! Tienes un estilo literario de muy buen gusto. En la historia de tu abuelo, creo que también otros nos identificamos, pues no hay mejor legado que la poesía misma

JAVIER RETA dijo...

¿Que buen blog! Tienes un estilo literario de muy buen gusto. En la historia de tu abuelo, creo que también otros nos identificamos, pues no hay mejor legado que la poesía misma