viernes, febrero 23, 2007

Love will tear us apart

Meine Liebchen,

Sé que nunca abres mis cartas, pero a pesar de ello he seguido escribiéndote todos estos años. He seguido en contacto con tu madre, y recibo postales y cartas suyas un par de veces al año. En ellas me explica cómo os va la vida, cómo tu hermano Aengus tuvo una niña el año pasado, y que Fiodhna regresó por fin de Australia. Esas líneas me evocan el suave olor de la turba al quemarse y el sonido de la lluvia de octubre, el sabor del pan recién hecho y el brillante verde de tus ojos.

En estos momentos puedo ver cómo nos sentábamos en el suelo junto a la chimenea, y la palma de mi mano siente la aspereza de tus rizos. Todavía puedo ver cómo tus dedos solían jugar con el borde de tus mangas hasta agujerearlas. Luego te levantabas y buscabas un disco, y Aengus se enfurecía porque le habíamos estropeado aquel single de Joy Division. ¿Aún recuerdas cómo me enamoraba de la curva generosa de un labio, o de la sombra de un grupo de pecas en un antebrazo? Nunca antes te conté que siempre deseé perderme en tus párpados, suspirar contra tus suaves labios y oír cómo hubieras gemido en respuesta a mis dedos.

Te lo digo ahora porque sé que nunca me vas a leer, nunca jamás. Sé que mi capítulo en tu vida está cerrado, y que simplemente asientes distraída cuando tu madre lee mis cartas y te habla de mi último fracaso sentimental. Probablemente sonrías al oír lo poco que me duran los hombres y cómo cada año caigo atrapada en la tela de araña de unos brazos masculinos infinitamente más jóvenes que los míos. Te veo de pie, junto a la ventana de la cocina, lavando las setas para la cena que estáis preparando, y una parte de mi corazón se va partiendo lentamente.

Recuerda que seré, por siempre, tuya,

Marina

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