miércoles, agosto 01, 2007

¿A quién se le ocurre volar con Spanair?

Y este es un post completamente ajeno a los habituales.

Yo pensaba que después de un par de días se me iban a haber acabado las ganas de pataleo, pero no es así. Las tengo más agudas todavía.

Pensadlo. Domingo de finales de julio en Bilbao. Me he pasado el fin de semana en casita, con playa y paseos por el concurso de jardines. El único estrés que he tenido son los intentos de hacer el check-in online. Con esa manía que tienen de que hay que poner los apellidos todos juntos, les sobrepasa la longitud de los míos.

Así que me depositan en el aeropuerto a las 8 de la noche pasadas, con intenciones de embarcar a las 9 … y en las pantallas pone embarque a las 22:25 (y el vuelo llegar a las 22:40, un poco imposible). Voy al mostrador, y me sueltan que se ha caído la torre de control de Palma de Mallorca, y a continuación que es que hay problemas desde hace 4 meses … justo cuando empezaron los rumores de que les vendían.

Si a todo eso le sumas que las tiendas y las cafeterías del aeropuerto de Bilbao cierran en torno a las 9 de la noche (tal vez es lo de la huelga de Aldeasa), y que te toman por el pito de un sereno, y que hace calor, y que no te enteras de nada, y que el avión llegó pasadas las 11 y empezamos a embarcar a las 11 y 20 y que se aterrizaba en la T2 y eso implica paseítos por Barajas, y me dormí profundamente, y ni siquiera se disculparon, y si te descuidas, te dicen que les estás agobiando y presionando, y el taxi a la 1 de la mañana, y reasfaltado del nudo de Manoteras …

En casa a la 1 y media de la mañana, 28 grados en la calle. Todavía estoy arrastrando las horas de sueño perdidas, estoy destrozada. Vaya semanita que me espera.

La culpa es mía por comprar un billete con Spanair. Si ya sabía yo que me iban a tratar mal y los aviones iban a ser viajes, pero en el fondo, una es masoquista y le gusta ser maltratada …

lunes, julio 02, 2007

You can´t always get what you want

Espero que no te dieras cuenta de que perdí por un instante la respiración cuando me hablaste del fin de semana.

Creía que ya nunca más iba a ilusionarme con una posibilidad, pero allí estaba yo, pensando que tal vez por un instante sería yo la que saldría triunfadora.

Así que puse una sonrisa en mi mente, y te dije que me alegraba muchísimo, y noté que mi voz no temblaba.

Por una vez, me hubiera gustado no volver a caminar por el mismo camino de piedra, y haberme adentrado en el túnel de lo desconocido.

Y una semana después, sonó la canción que no quería escuchar … y sabes, bailé sin parar.

"You can´t always get what you want" – The Rolling Stones

And you can't always get what you want,
Honey, you can't always get what you want
You can't always get what you want
But if you try sometime, yeah,
You just might find you get what you need!

miércoles, abril 18, 2007

El Sitio

¿Cúantos están en la misma situación?

Me están convirtiendo en dos
a riesgo de ser ninguno.
En este Bilbao sitiado
por el vasco neanderthal,
mi sitio es el del artista,
con un abuelo carlista
y otro abuelo liberal.

Javier de Bengoechea - Poeta bilbaíno y antiguo presidente de la Sociedad El Sitio

miércoles, febrero 28, 2007

Who needs love ?

Oooh darling who needs love?
Who needs a heaven up above?
Who needs the clouds, in the sky, not I

Oooh darling who needs the rain?
Who needs somebody that can feel your pain?
Who needs the disappointment, of a telephone call, not I
No I don't need that at all, not I

I'm, tired of love
Yeah, sick of love
I've taken more than enough


Durante casi un año he visto como luchabas contra los imposibles y como buscabas tu mayor ilusión. Primero las pruebas para saber si tu cuerpo iba a ser capaz de resistir, después las visitas a tu médico cada dos semanas. Un pinchazo, un análisis, un resultado negativo.


Oooh darling who needs the night?
The sacred hours, the fading life
Who needs the morning, and the joy it brings, not I
I've got my mind on other things, not I

Oooh darling who needs joy?
Who needs a perfect girl or boy?
And who needs to draw, that person near, not I
Because they always disappear, not I

And you know, I'm, tired of love
Yeah
Yeah I'm, sick of love
Yeah
You give me more than enough

I'm gone!


Sé que no he sabido como apoyarte. Cada una de esas tardes en que mandabas un mensaje diciendo que esa vez no había sido, me planteaba si yo habría sabido resistir los golpes con tu sonrisa y con tu entereza. A pesar de la débil melancolía que se podía sentir en tus palabras, continuabas adelante.

Hace apenas dos meses que decidiste dar el salto siguiente, sabiendo que iba a ser duro para tu salud y que si esta vez no lo conseguías, algo se rompería en tu interior. Pasaste las Navidades deseando que fueran las últimas en soledad y empezaste el año llena de esperanza. Diste el paso sola, para que no nos preocupásemos y aguantaste sin decirnos nada.

Y de pronto, un correo en mi buzón con sólo tu nombre y un signo +… Todos los dolores y las angustias se han olvidado, y ahora lo único que importa es que dentro de una semana te dirán si son 1 o 2 latidos, y que tendrás que empezar a cuidar la comida, y a preparar las cunas. Y que nosotros tus amigos tendremos que empezar a hablar en plural cuando hablemos sobre ti.


Oooh darling who needs love?
Who needs a heaven up above?
Who needs all the arguments, who needs to be right, not I
But I just can't give up without a fight, not I
No I just can't give up without a fight, not I
No I just can't give up without a fight, not I
No no no not I
Ooh no no not I
No no no no no not I


Gracias por no haberte rendido sin luchar. Gracias por el amor que acumulas. Tus niños se merecen una madre tan valiente.


RAZORLIGHT - Who needs love?

viernes, febrero 23, 2007

Love will tear us apart

Meine Liebchen,

Sé que nunca abres mis cartas, pero a pesar de ello he seguido escribiéndote todos estos años. He seguido en contacto con tu madre, y recibo postales y cartas suyas un par de veces al año. En ellas me explica cómo os va la vida, cómo tu hermano Aengus tuvo una niña el año pasado, y que Fiodhna regresó por fin de Australia. Esas líneas me evocan el suave olor de la turba al quemarse y el sonido de la lluvia de octubre, el sabor del pan recién hecho y el brillante verde de tus ojos.

En estos momentos puedo ver cómo nos sentábamos en el suelo junto a la chimenea, y la palma de mi mano siente la aspereza de tus rizos. Todavía puedo ver cómo tus dedos solían jugar con el borde de tus mangas hasta agujerearlas. Luego te levantabas y buscabas un disco, y Aengus se enfurecía porque le habíamos estropeado aquel single de Joy Division. ¿Aún recuerdas cómo me enamoraba de la curva generosa de un labio, o de la sombra de un grupo de pecas en un antebrazo? Nunca antes te conté que siempre deseé perderme en tus párpados, suspirar contra tus suaves labios y oír cómo hubieras gemido en respuesta a mis dedos.

Te lo digo ahora porque sé que nunca me vas a leer, nunca jamás. Sé que mi capítulo en tu vida está cerrado, y que simplemente asientes distraída cuando tu madre lee mis cartas y te habla de mi último fracaso sentimental. Probablemente sonrías al oír lo poco que me duran los hombres y cómo cada año caigo atrapada en la tela de araña de unos brazos masculinos infinitamente más jóvenes que los míos. Te veo de pie, junto a la ventana de la cocina, lavando las setas para la cena que estáis preparando, y una parte de mi corazón se va partiendo lentamente.

Recuerda que seré, por siempre, tuya,

Marina

lunes, enero 22, 2007

Shout to the top

The Style Council – En honor del adorable señor Weller, porque sus canciones siempre me recuerdan la luz del sol

3 grados bajo cero, cielo azul resplandeciente. Hace un poco de viento, y el telesilla se mueve con un suave clink-clonk. Cada vez que pasamos por debajo de una pilona se agita y tengo miedo de que alguno de los bastones se me caiga, así que los sujeto fuerte con una de mis manos mientras intento subir del todo la cremallera del anorak.

Al llegar arriba no puedo evitar respirar profundamente. El aire es distinto aquí, fresco, limpio, como cuando te acercas a beber a un torrente de montaña en una mañana de verano. Me estiro bien mientras siento todos los músculos, todavía fríos tan temprano por la mañana. Ahora mismo sólo importa que el sol brilla, que el valle está en penumbra, que la nieve cruje cada vez que alargo una de mis piernas hacia atrás.

Noto todo mi cuerpo en tensión, como un muelle esperando a que lo liberen. El aire de mi respiración se condensa con el frío, en rápidas volutas que desaparecen bailando de pronto. Y de pronto, ya es el momento. Un impulso con los bastones y el ruido al deslizarme sobre los esquíes llega hasta mis oídos. Giro, giro, giro. Cambio de peso, derecha, izquierda, oopss, una piedra, cuidado… Y entonces empiezo a cantar cualquier cosa, mientras llevo el ritmo doblando las rodillas y girando en el lugar exacto. Lanzo los brazos hacia adelante, me agacho un poco más y voy más deprisa, y sólo quiero gritar. Porque el sol brilla, y hace frío, y la nieve es perfecta, y puedo dominarlo todo, y tengo todo un día por delante para respirar y sentir los latidos del corazón y cantar, aunque desafine demasiado.

Que más da ahora lo que pasa durante la semana, los problemas y las dudas, la vida real, si un poco de sol y una nieve en su punto exacto me hacen olvidarlos y puedo cantar y levantarme desde el abismo. Así que vuelvo a impulsarme, y vuelvo a deslizarme, a oír el silbido de las tablas, y canto, canto, canto.

jueves, enero 11, 2007

Flores de ultratumba

If I should die, think only this of me:
That there's some corner of a foreign field
That is for ever England.

El abuelo Herbert murió un día claro de finales de septiembre. Un dulzor de moscatel se sentía en el aire, y la extraña claridad del cielo nos ayudó a consolar nuestra pena.

Todavía quedaban rosas tardías del verano, y corté algunas para preparar un ramo en su honor. Tuve que olvidarme de las oscuras rosas carmesíes, nunca supe por qué no le gustaban. Me pinché con una espina, y vi comó se teñían las dulces rosas amarillas, y las tuve que retirar del ramo. De algún modo seguía sintiendo a mi abuelo a mi lado, mirando comó elegía las flores y asintiendo cuando logré la hermosura que quería.

El abuelo era paisajista, y amaba las plantas que crecían libres y salvajes. Llegó a España allá por los años 20, y se refugió en un jardín para intentar curar los sonidos roncos que salían de su pecho. Siempre le conocí con un pañuelo oscuro en la mano, con el que cubría su boca cuando el ruido acuático se hacía demasiado fuerte. Se inclinaba hacia un lado, y se doblaba mientras se libraba de aquella pesadilla que le acompañó toda su vida, desde el año 1916. Luego se sentaba y me sonreía con esos ojos tímidos que habían visto más dolor del que yo hubiera podido soportar.

Tardamos unas semanas en leer su testamento. Me había dejado su colección de libros, y la caja de sándalo que siempre guardaba en su mesilla de noche. Un 11 de noviembre me senté y la abrí. Dentro estaban sus diarios de la Gran Guerra, y un librito de poetas ingleses de entonces. Lo abrí y comencé por el poema de Rupert Brooke, “The soldier”, que habíamos mandado grabar en su lápida.

THE SOLDIER – Rupert Brooke

Si debo morir, piensa sólo esto de mí:
que existe algún rincón de una tierra extranjera
que será por siempre Inglaterra. Habrá oculto
en esa rica tierra un polvo aún más rico,
un polvo al que Inglaterra dió vida, forma, despertó,
dió, en una ocasión, sus flores para amar, sus caminos para vagar,
un cuerpo inglés, que respiró aire inglés
y que fue bañado por sus aguas y bendecido por el sol del hogar.

Y piensa que este corazón, una vez abandonada toda la maldad,
nada menos que un latido en la eternidad,
devuelve en algún lugar los pensamientos que le dió Inglaterra;
sus paisajes y sonidos; sus sueños tan felices como su día;
y la risa aprendida de los amigos; y la dulzura
de los corazones en paz, bajo un cielo inglés.

Un poco más adelante estaba enganchada su amapola de tela, manoseada y vieja, que siempre había llevado prendida en la solapa en ese día. Su color rojo oscuro me llevaba a un poema subrayado y marcado por sus lágrimas, “Dulce et decorum est”, de Wilfred Owen.

Si pudieras oír, a cada tumbo, a la sangre
Vomitada por pulmones de espuma corrompidos,
Obscenos como el cáncer, amargos como pus
De viles llagas incurables en lenguas inocentes—
Amigo mío, no contarías con tanto entusiasmo
A los niños que arden ansiosos de gloria
Esa vieja mentira: Dulce et decorum est
Pro patria mori.

Nunca le habíamos preguntado que pasó entonces para hacerle escapar de su país que amaba tanto, pero siguiendo con mi dedo las líneas del poema, entendí un poco del horror que le había perseguido desde aquel lejano 1916, y de por qué prefería las blancas margaritas y las pálidas lilas frente a las hermosas rosas encarnadas. Aquella amapola de color coagulado en mi mano era la única flor roja que aceptaba, durante unos pocos días en medio de las nieblas de noviembre, tan parecidas a las que agobiaban los campos de Flandes. La tomé con delicadeza, y volví a prendérmela como hubiera hecho él, mientras retornaba a leer aquel poema sobre la antigua mentira.

jueves, enero 04, 2007

I´m loving it

Yo pensaba que había dominado al demonio de las hamburguesas con esas ensaladas tan sanas que anuncian, pero parece que no es así. Una de estas tardes lluviosas, volviendo a casa remojada como un pollo y pensando que las cosas en el trabajo no podían ir peor (pudieron y fueron a peor), vi brillar los arcos dorados y allá que me acerqué. En el congelador tenía un bote de helado de chocolate belga con trocitos del Mercadona, pero en esos momentos el cuerpo me pedía mucha grasa, una Mcnífica con un montón de patatas “DeLuxe” y muchas bolsitas de ketchup para mancharme bien. Subí a mi casa encantada con mi botín, me senté en el sofá y abrí el periódico para encontrarme con la polémica de la comida basura servida delante de mí, mientras yo me iba chupando los dedos e iba olvidando las discusiones del día.

Mientras, el artículo del periódico hablaba de un anuncio de gusto nada dudoso, y de qué esa nueva hamburguesa podía llegar a acumular casi 1000 calorías, lo mismo que 9 platos de macarrones con tomate. Miré las patatas que estaba devorando en ese momento, y pensé si no hubiera sido mejor optar por nuestra dieta mediterránea, ponerme a cocinar unos macarrones, y llorar sobre el fogón las penas que se me estaban acumulando.